Somos, en esencia, campos conscientes de intención y lo que nos parece saber, lo que creemos, está grabado afuera en medio de todos los demás y en el cosmos que, en gran medida, nos da el futuro que imaginamos. A medida que crezca esta capacidad, nuestro poder aumentará y nuestras decisiones éticas se verán fortalecidas.
En la Tierra futura podremos manifestar casi todo lo que nuestros egos puedan llegar a soñar, y por eso debemos ser cuidadosos como nunca con lo que soñamos. Debemos vigilar nuestros pensamientos porque las imágenes negativas, como balas perdidas, se disparan y hacen daño. Por fortuna, todos los grandes místicos de la historia, al igual que nuestras escrituras más sagradas, nos lo advirtieron: siempre debemos buscar dentro de nosotros la sabiduría más elevada para diagramar el camino de nuestra vida. Cada uno debe encontrar su confirmación de una Visión del Mundo derivada no del miedo o la penuria, sino de alguna parte más grandiosa de su memoria.Una vez que encontramos esa visión comienza el trabajo emocionante. Esta visión no sólo nos centra en el coraje necesario para llevar a cabo nuestras misiones individuales, sino que nos lleva al punto más elevado de nuestra nueva conciencia espiritual, el punto en que puede servir de base para todo lo que llevamos a cabo. Lo único que debemos hacer para mantenernos centrados en esta conciencia, para vivirla todos los días, es sostener esa visión interior.